Si uno mira los números es cierto que el Liverpool ha experimentado un bajón, una pájara que en términos ciclistas les ha dejado tocadas sus opciones en la general. El ritmo del United es espectacular y eso acentúa los problemas del resto. Sin embargo, no es justo tachar el momento de los reds como crítico y tampoco lo sería si no gana el título a final de temporada. Los malos resultados han coincidido con el comienzo de 2009, el regreso de Torres (que no se entienda mal esto) y más rotaciones de las habituales en el once. De lo que está careciendo este Liverpool es de pegada y sobre todo de llegada. Al igual que el Arsenal a principio de la temporada pasada, los goles de los reds siguen dependiendo en exceso de Steven Gerrard que es el máximo goleador destacado con quince tantos en todas las competiciones y lejos están los siete de Kuyt o Robbie Keane que suele marcar en momentos poco decisivos y su influencia es cada día menor.si quieres leer mas
El Everton se presentaba en Anfield con seis partidos consecutivos sin perder como cartel y la certeza de saber que se instalan un año más entre los seis mejores equipos de la Premier League. Sabiendo eso, Rafa Benítez presentó un once muy ofensivo, quizás el más ofensivo que se ha visto en muchos años por el legendario césped de los reds. Torres y Keane en ataque más Kuyt, Gerrard, Riera y Xabi Alonso en el centro del campo. Lucas Leiva y Javier Mascherano se quedaron en el banco algo que influyó para dar más espacios al Everton que bajo la dirección de Moyes nunca se arruga. Nadie hubiese imaginado que Benítez, en un partido tan crucial, se atreviese con ese planteamiento. No le salió mal hasta el minuto 87 y, a pesar del resultado final, es elogiable la osadía del técnico madrileño que este año (¡ya era hora!) ha apostado por pocas rotaciones y un fútbol a la altura del escudo que llevan en la camiseta.
Es muy simple. Soy afortunada por haber conocido al mejor portero de la Premier y de España. No lo digo yo, lo acaba de decir nada más y nada menos que Rafa Benítez, su entrenador, el del Liverpool, el de Pepe Reina.
Pero no vamos a descubrir ahora sus cualidades futbolísticas. A estas alturas y a pesar de sus 26, habría que hacer ya el recorrido completo de su trayectoria. Luchador, inconformista y suficiente. Pero no por esa suficiencia que significa sentirse superior al resto, sino la confianza en sí mismo y la valentía que le ha llevado a donde está ahora.
Lo que le distingue del resto de porteros, del resto de futbolistas, es su carácter. Su capacidad de unir, de ser apoyo de sus compañeros, quien siempre anima al resto, tiene las cosas claras. Líder dentro y fuera del campo.
En Anfield, que nos sirvió a la gente de Canal Plus de confesionario del Liverpool, sus compañeros le calificaron como uno de los mejores jugadores del mundo. Era d.... si quieres leer mas
Uno se pone en la piel de Rafa Benítez, y lo pasa mal. Ver cómo se consume el partido agarrado a la barandilla del palco, sin poder gritar, ni hacer gestos, ni dar paseítos de un lado a otro de la zona técnica debe suponer, para un hombre como él, algo parecido a una tortura, aunque tu equipo se esté paseando por el campo aplastando a su impotente rival. Existe el pinganillo, vale, pero tiene menos gracia. El del Newcastle, último partido del año 2008, ha sido el segundo consecutivo en el que el entrenador español ha tenido que dirigir a su equipo a distancia, en compañía del ‘jefe’, Rick Parry, que habrá aplaudido a sus muchachos tras el pitido final como hacía el emperador a los gladiadores en la antigua Roma.